Qué me enseñó el TDAH de mi hijo

Cuando descubrí que mi hijo tenía TDAH aprendí lo más que pude sobre su condición. Leí libros y artículos e hice preguntas interminables a los profesionales que comenzaron a ser parte de nuestras vidas: el neurólogo, terapeuta, maestro de educación especial, coordinador de servicios y el tutor. Recibí mucha información y consejos útiles.



Pero con los años, el conocimiento más valioso ha venido de mi hijo y de la ayuda que le he dado para enfrentar su TDAH. A continuación comparto algo de lo que he aprendido y que hubiera querido saber antes.


Mi preocupación y mis quejas no ayudan


Sin importar qué tanto me esfuerce, nunca he logrado evitar por completo ni las quejas ni las preocupaciones. Me preocupo por mi hijo y por lo que le depara el futuro. Pero quejarse no sirve para modificar ese futuro y tan solo evita que aprecie los avances que están ocurriendo en el momento actual.


Nunca he podido ver un cambio positivo como consecuencia de mis quejas. Tan solo ocasiona que todos se estresen y dificulta aún más el cambio.


Sus mayores destrezas son lo más importante


Mi hijo es amable, atento, divertido y creativo. También tiene gran empatía y perseverancia. En sus empleos después de la escuela y de fin de semana ha demostrado que puede ser confiable y un trabajador diligente. Ese no siempre es el caso en la escuela. Pero no debo olvidar que no pasará su vida entera en la escuela.


Las mejores soluciones casi siempre vienen de su parte


Mi hijo tiene dificultades del fucionamiento ejecutivo además de su TDAH. Cuando era pequeño yo no podía entender por qué no podía vestirse solo. Aun cuando yo le quitaba la ropa, él se quedaba sentado hasta que yo venía a ayudarlo. Una noche entré a decirle buenas noches y me percaté de que había colocado su ropa en el piso en forma de persona: camiseta, pantalones (calzón encima), calcetines y zapatos.

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